viernes, 27 de mayo de 2016

SÍMBOLOS NATURALES Y PATRIOS (PARTE I DE III)


Nuestro país posee además de sus símbolos patrios, unos símbolos naturales que la distingue y la diferencia de otras naciones. Son un grupo de elementos que una nación asume como propios y típicos de su tierra, se representan mediante flora y fauna que junto a otras manifestaciones autóctonas confirma la identidad nacional y la idiosincrasia del venezolano.


La orquídea de nombre Cattleya mossiae fue decretada como la Flor Nacional  el 23 de mayo de 1951, mediante una resolución conjunta de los Ministerios de Educación y de Agricultura y Cría. Su nombre le rinde honor al botánico William Cattley, quien fue el primero en lograr su reproducción en un invernadero en 1818. También es conocida como la “Flor de Mayo”, ya que desde el siglo XIX se la usa como ornamento de la Cruz de Mayo, y adornar la figura de la Virgen María. 



La acompañan como símbolos Nacionales  el Turpial  que es uno de los pájaros cantores más hermosos del país. Fue declarado Ave Nacional de Venezuela, el 23 de mayo de 1958, por la junta de gobierno presidida por Wolfgang Larrazábal, tras un concurso promovido por la Sociedad Venezolana de Ciencias y no por simples caprichos y fanatismo.



El Turpial se caracteriza por sus colores amarillo-naranja en todo el cuerpo, excepto la cabeza y las alas que son negras con partes blancas y tiene una mancha azul pequeña pero intensa alrededor de los ojos. 




Lectura al Día





Publicado en el Yaracuy al Día el Miércoles 25 de Mayo de 2016. Página 2.

Lenguaje y lenguaja: argumento final

   Las polémicas infatigables y recurrentes sobre lo que algunas personas llaman "lenguaje inclusivo" tienen varios puntos flacos y contraproducentes. Este artículo no pretende ser exhaustivo, pero intentaré dar los puntos principales en mi opinión.
   En primera instancia, y a la que nadie parece hacer caso, es que "niñ@s", "niñ*s" o "niñxs" no son palabras. En los dos primeros ejemplos ni siquiera todas son letras, además de que esa propuesta se cae al primer intento de ser pronunciado en voz alta.
  Pero al escribir así pretendiendo "incluir" justamente se excluye.
   ¿Cómo?
   Como lo lees, ¿acaso no sabes que muchas personas ciegas usan distintas aplicaciones para poder leer desde una computadora?        


   ¿Y cómo crees que una aplicación podría leerles "niñ@s"? 
   Y todavía más. ¿Cómo crees que lo podría leer alguien que se inicia en el español?

Ya ven, lo que plantean como lenguaje inclusivo...excluye por partida doble."Todos" es inclusivo, del mismo modo que "todas". Si hablamos de los seres humanos decimos "todos", si hablamos de personas, digamos "todas", si hablamos de asistentes, digamos "todos". Y nadie queda fuera...pues no creo que alguien que lea esto no sea una persona...o al menos un ser humano. Usar bien el idioma y con propiedad, de eso se trata.

   La declinanción en -O como plural neutro no es caprichosa, deriva del latín que englobaba ambos sexos. 

Aberraciones idiomáticas
Pero sigamos..., porque el uso de "todos y todas" no es necesario.
  ¿Cómo me atrevo a decir esto? ¿Acaso soy un machista inquisidor del medioevo listo para la quema de brujas del mal uso del lenguaje previa tortura a librazos por la cabeza o un cavernícola que piensa que el idioma está tallado en piedra?

   Pues...realmente no.
   Verán, por un lado aún no saben si quien escribe este texto es hombre o mujer (aclaro, pongo hombre antes por una cuestión de fonética...y por cierto, asumir que "mujer" debería ir primero, también sería discriminatorio, pues la discriminación no sólo cuenta cuando perjudica, sino cuando prioriza sin razón también), y por otro lado, el idioma tiene sus reglas.

    Muchas personas con afán de creerse rebeldes y progresistas se plantan contra las reglas idiomáticas. Es lógico, es más fácil escribir y hablar mal a antojo que hacerlo con corrección.    Es más fácil despotricar contra la ortografía que saber emplearla.
   Descuiden, nadie puede impedir que hablen con redundacia si lo desean, del mismo modo que pueden cruzar un semáforo en rojo si lo desean. Lo que aquí se dice, simplemente, es que no es lo mejor que podrían hacer.

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    Pero tanto las reglas como la ortografía son el único modo que tenemos de que nuestro rico idioma siga siendo rico...y viable. ¿Se imaginan cuánto tiempo podríamos entendernos entre nosotros si cada quien hablara a su antojo?
   Esto lleva al siguiente punto. Recriminan que el idioma evoluciona, cambia, y que ahora debería hacerlo porque es machista y retrógrado.
   Pues...no. Lamento la desilusión.

   El idioma no puede ser machista, ni retrógrado, ni discriminatorio, del mismo modo que un martillo no puede ser asesino, violento, o trabajador...pues ambos son simplesherramientas. 
   Machista, retrógrada, discriminadora, asesina, violenta o trabajadora será la persona que use esas herramientas.

  El idioma emplea géneros, no sexos; juez, presidente, química, cantante, artista...tienen género, no sexo.
  Cuando dicen "el artista" es igual de válido como decir "la presidente".
  Realmente me desespera ver cómo se pierden en las formas y dejan de lado el contenido, que es lo realmente importante.
  Dicen que el lenguaje evoluciona...pero ninguna evolución se logra a la fuerza, ni por capricho, ni por demagogia. Los cambios reales de relaciones sociales son de dónde se debe partir y llegar. 

Pondré un ejemplo:

En el alemán los plurales y muchas palabras en singular tienen género femenino, pero cuando una mujer se casa pierde su apellido de soltera y toma el de su esposo. Así como lo oyen.¿Hay mejor ejemplo de que un lenguaje que muchas dirían "inclusivo" (aunque los hombres alemanes podrían hacer el mismo planteo que algunas mujeres hacen en español...y no lo hacen) proviene de una sociedad que cercena media identidad a una mujer cuando se desposa?Y no es que en Alemania haya menos machistas que en cualquier otro lugar del mundo.¿Hay mejor ejemplo de que un lenguaje que dirían "inclusivo" y que lleva siglos en uso...no conlleva de por sí a una sociedad ni relaciones sociales equitativas?

Las soluciones reales a las injusticias quedan en segundo plano
   
   Las relaciones sociales no se cambian a la fuerza, al menos no por un uso demagógico del idioma. De nada sirve decir "todos y todas", y que las niñas sigan jugando a las muñecas y la cocinita y los niños a la pelota y con autitos. De nada sirve decir "todas y todos"...y que los protagonistas de libros y películas sigan siendo los valerosos hombres que deben rescatar a la indefensa damisela. De nada sirve decir"todas y todos"...y que las mujeres sigan cobrando menos por el mismo trabajo, o que los hombres deban trabajar hasta 5 años más para poder jubilarse, o que los hombres lleven la responsabilidad de tomar siempre las iniciativas, o que los hombres tengan mal visto el llorar, o que haya más mujeres que hombres en las universidades porque proritariamente los hombres deben trabajar.
   
   La sociedad es injusta porque nosotros la hacemos injusta, y lamentablemente decir "todas y todos" no cambiará todo mágicamente. Es más, no cambiará nada si no solucionamos realmente todas las demás injusticias que, alternativamente nos tocan a unas y otros a lo largo de la vida, sin importar nuestro sexo.

   Acusan al idioma de ser arcaico y que necesita un cambio...y nuevamente se quedan en las formas vacías de contenido, ojalá pusieran tanto ahínco (de ambos lados) en cambiar la religión, el estado, el capitalismo, verdaderas fuentes de las injusticias, porque los prejuicios nos afectan a todos.
   Finalmente también cuestionan a la RAE por sostener estos argumentos, o similares, y bien, la RAE tendrá muchas cosas para cuestionársele, como toda institución. Pero tiene el inmenso mérito de ser la razón por la que todos podemos entendernos en este rico y maravilloso idioma todavía.


viernes, 15 de abril de 2016



(Un día como hoy, hace 564 años, nacía Leonardo Da Vinci)
EL PEOR COCINERO
La Gioconda todavía no tenía siquiera una pestaña dibujada cuando Leonardo Da Vinci ingresó, a los diecisiete años, al taller artístico de Andrea del Verrocchio, en Florencia. Allí descubrió la alegría que le generaban las pinturas y también los dolores que le ocasionaban las caries: mientras coloreaba sus dibujos, Leonardo tenía la costumbre de empacharse con las golosinas que le regalaba su padrastro, experto en pastelería. Fue él, Accatabriga, quien le llenó de dulces la barriga.
Luego de tres años de aprendizaje, en afán de solventar sus gastos del día a día, Leonardo pisó por primera vez la taberna “Los Tres Caracoles” para dar inicio a su trayectoria como camarero. Duró poco: meses más tarde, todos los cocineros de la cantina murieron misteriosamente envenenados.
A consecuencia de aquella tragedia, Leonardo se hizo cargo del sector Cocina y eliminó de la cartilla principal la polenta acompañada de salsas y las carnes de todo tipo. En lugar de estos alimentos, los más requeridos de la época, convidó lustrosos y delicados manjares como anchoas decoradas con láminas de zanahoria, y rodajas de pan negro condimentadas con trocitos de albahaca. Sus modificaciones gastronómicas, que no le llenaban la panza a una mariposa, tuvieron su impacto: una noche, furiosos con las pequeñas porciones que ofrecía el menú, los clientes se rebelaron y quisieron asesinarlo. Leonardo escapó justo a tiempo, y nunca más corrió tanto.
Casi un lustro después, “Los Tres Caracoles” murió en el fuego durante una pelea entre dos pandillas. Murió un poquito, porque allí, sobre las cenizas, Leonardo abrió una nueva taberna en conjunto con uno de sus amigos del taller. Ese amigo era Sandro Botticelli y esa taberna cerró más pronto que tarde porque las ratas la visitaban más que la gente.
Su labor culinaria quedó pausada hasta que el gobernante Ludovico Sforza, amo y señor de Milán, lo contrató como Consejero de Fortificaciones y Maestro de Banquetes de la Corte, a los treinta años. En una ocasión, Ludovico le ordenó que planificara una remodelación para la cocina del Castello Forza, en el centro de la ciudad. Entonces, Leonardo inventó una sierra circular accionada por hombres y también por caballos para cortar los troncos, creó unos imponentes cepillos giratorios acarreados por bueyes para limpiar el piso, distribuyó fuelles por el techo para mantener la pureza del aire, y agregó un sistema de lluvia artificial en caso de incendio. Cuando llegó el día de la apertura, el castillo fue un caos: la cocina se inundó de agua y se iluminó de fuego; la máquina de los troncos lanzó leñas como si fueran bolas de cañon; los bueyes, asustados, comenzaron a chocar una y otra vez contra las paredes; y los fuelles, en vez de curar con oxígeno, intoxicaron con llamas. Ludovico, al observar la situación, le recomendó que se trasladara al campo por un tiempo.
Al regresar a la corte, Leonardo construyó un aparato para cortar berros automáticamente. Ese mismo artefacto cortó berros y también cocineros y jardineros, que murieron por las heridas.
Años más tarde, con motivo de agasajar la boda de Ludovico con Beatrice d´Este, ideó una réplica del castillo, pero de pastel. Eso: un castillo de pastel. Cuando llevó este plan a la práctica y la fortaleza se convirtió en una gigantesca torta, los roedores y algunas aves quisieron demoler con sus dientes el castillo más azucarado de la historia. Y lo consiguieron: a la mañana siguiente, todo el personal de la corte tenía su cuerpo enterrado hasta la cintura, tratando de hallar los cadáveres de los animales caídos en combate.
Ludovico nuevamente se apiadó de él y no lo expulsó, sino que lo mandó de visita al Pior de Santa María delle Grazie. En aquel lugar, Leonardo elaboró una de sus mejores obras, para la cual, antes de comenzarla, les encomendó a sus ayudantes que realizaran un banquete con el fin de que él pudiera observar sus movimientos. La escena entre el director que miraba y anotaba, y los actores que bebían y atragantaban duró meses y meses hasta que, por fin, "La Última Cena" estuvo lista. Fue Leonardo, el peor cocinero de su tiempo, quien se la sirvió en bandeja al mundo.
Aquella comida ya tiene más de quinientos años sobre la mesa. Y sigue largando humito...
ESCRITO POR SANTIAGO CAPRIATA

viernes, 26 de febrero de 2016

Atilio Boron
CAMILO TORRES: MEDIO SIGLO DE ATROCIDADES
(Por Atilio A. Boron) Las urgencias de la coyuntura y una serie interminable de compromisos políticos y académicos me impidieron subir a mi blog y publicar en FB estas pocas líneas rememorando en tiempo y forma el cincuentenario de la caída en combate del padre Camilo Torres Restrepo, acaecida el 15 de Febrero de 1966 en Patiocemento, San Vicente de Chucurí, Santander. No fue el primero ni sería el último clérigo que tomaría las armas en su afán por hacer realidad los ideales del cristianismo en Nuestra América. Sin ir más lejos Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos son los padres de la independencia de México, y hubo muchísimos sacerdotes que, antes o después, sustituyeron las homilías en el púlpito para empuñar las armas y enfrentar a un orden que se proclamaba cristiano y que era exactamente lo opuesto.
Apremiado por las circunstancias no tengo tiempo de abundar en los detalles de la vida de Camilo, y por ello agrego a continuación la estupenda nota que Gilberto López y Rivas publicara en La Jornada días atrás. Quería, eso sí, detenerme para subrayar lo siguiente: la muerte de Camilo fue un crimen que sigue consumándose, día a día, minuto a minuto. Un crimen impune, porque sus victimarios se apropiaron de su cadáver que permanece desaparecido hasta el día de hoy. La desaparición de personas, como crimen de lesa humanidad, es imprescriptible y subsiste como crimen hasta que se produzca la aparición, viva o muerta, de la víctima. Por eso decimos que es un crimen continuo, una atrocidad ininterrumpida a lo largo de cincuenta años. Camilo no descansará en paz hasta que sus restos sean devueltos a sus familiares, a sus amigos, a sus camaradas, a quienes levantaron la bandera de la liberación nacional en Colombia y respondieron positivamente a su ferviente y constante llamado a la unidad de todas las fuerzas que luchan por construir un mundo mejor.
Camilo fue un sacerdote ejemplar y, a la vez, un brillante sociólogo. Comprendió como pocos que la clave de bóveda de todo el edificio de la dominación oligárquica en Colombia se encontraba, y todavía hoy se encuentra, en el agro. Por eso su insistencia en la impostergable necesidad de la Reforma Agraria, primer punto de su “Plataforma para un Movimiento de Unidad Popular”. Y sabía también que sólo la unidad del campo popular haría posible la fundación de una nueva sociabilidad no sólo en Colombia sino en toda América Latina. Fue uno de los fundadores de la Teología de la Liberación. Se declaró “revolucionario” como colombiano, porque no puede estar ajeno a las luchas de su pueblo; como sociólogo, porque gracias al conocimiento científico que tiene de la realidad ha llegado al convencimiento de que las soluciones técnicas y eficaces no se logran sin una revolución; como cristiano, porque la esencia del cristianismo es el amor al prójimo y solamente por la revolución puede lograrse el bien de la mayoría; y como sacerdote, porque la entrega al prójimo que exige la revolución es un requisito de unidad fraterna indispensable para lograr el cabal cumplimiento de su misión.
A cincuenta años de su muerte Camilo es como las estrellas, cuya luz llega a la Tierra pese a que se extinguieron hace millones de años. Camilo fue asesinado y su cuerpo robado, pero su luz sigue presente, hoy más que nunca, iluminando las luchas emancipatorias de Nuestra América.
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LA JORNADA, 19 de Febrero de 2016
Gilberto López y Rivas
Camilo Torres: a 50 años de su caída en combate
El sacerdote católico Camilo Torres Restrepo, incorporado en las filas del Ejército de Liberación Nacional (ELN), cae en combate el 15 de febrero de 1966, en una región conocida como Patio Cemento, del departamento de Santander, Colombia. Su muerte ocurre cuando libra su primera acción de armas, y, paradójicamente, tras rechazar lo que consideró un trato preferente del estado mayor de la guerrilla que había decidido que “Camilo era demasiado valioso para arriesgar su vida”.
La extraordinaria biografía de Walter J Broderick, Camilo Torres Restrepo, muestra la forja de un personaje que se hizo conocer no sólo en Colombia y América Latina, sino también en el ámbito mundial como la quintaesencia “del hombre comprometido con los oprimidos de la tierra y dispuesto a sacrificar hasta su propia vida por salvarlos… Además, fue evidente que no se trataba de un curita alocado o resentido; se supo que el cura guerrillero muerto había ocupado una cátedra universitaria y que, aun después de colgar los hábitos, nunca abandonó su fe religiosa. Al contrario, cuando cayó en combate murió convencido del deber de “hacer la revolución como único camino hacia una fraternidad cristiana de verdad…”
Nada hacia vislumbrar en su niñez y juventud que su vida tomaría estos derroteros, dados sus orígenes familiares de clase acomodada de la sociedad colombiana. En Camilo, señala Broderick, “el único presagio del revolucionario del mañana fue su deseo de vincularse a un trabajo de tipo social”. Sin embargo, es muy significativo que su vocación por el sacerdocio surgiera a partir de la influencia, en el inicio de su carrera universitaria, de dos jóvenes sacerdotes franceses enviados a Colombia, Nielly y Blanchet, miembros de la orden dominica, exponentes de un catolicismo renovado y formados por la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, en la que muchos sacerdotes habían colaborado con la Resistencia antifascista y padecido las cárceles alemanas. “El mismo Jean-Batiste Nielly –indica Broderick–, como joven teniente bretón, fue prisionero de los nazis y narraba los detalles de su dramático escape. Sus episodios cautivaron a Camilo, y cuando este sacerdote hablaba del apostolado no le importaba tanto la ‘salvación de las almas’, ni siquiera la misa dominical; ponía énfasis más bien en el compromiso (l’engagement) y el testimonio (le témoignage). Su cristianismo aparecía como una aventura, un reto”.
Ya en el seminario, Camilo se distinguió de sus condiscípulos por sus frecuentes incursiones a los barrios pobres de los alrededores, en lo que él llamaba su apostolado. Ordenado en 1954, partió para Bélgica con el propósito de estudiar sociología en la Universidad Católica de Lovaina, donde fundó, en 1955, el Equipo Colombiano de Investigación Socioeconómica (Ecise), que se proponía establecer contactos con institutos de investigación, elaborar proyectos y publicar un boletín, todo ello a partir de principios redactados principalmente por Camilo, en los que se exigía una formación científica y ética que reflejara “una pureza de intención”.
Importante para su proceso de concientización política fue su conocimiento de la experiencia de los curas obreros y de los argelinos en Francia que libraban su guerra por la independencia en la misma capital del país colonizador. “Los compatriotas de París colaboraban con acciones de sabotaje, y Camilo intuyó por primera vez algo de las emociones del combatiente. Aprendió también que hasta un intelectual burgués podía cumplir una efectiva función en la lucha revolucionaria de un pueblo explotado”.
En 1959 es nombrado capellán asistente de la Universidad Nacional de Colombia, y al año siguiente funda, junto con Orlando Fals Borda, la Facultad de Sociología impartiendo clases y relacionándose activamente con la vida política universitaria y nacional, presidiendo, en 1963, el primer Congreso Nacional de Sociología que se realiza en Bogotá, en el que presenta la ponencia La violencia y los cambios socio-culturales en las áreas rurales colombianas.
En 1965, las posiciones cada vez más radicales y las constantes actividades políticas del sacerdote Camilo Torres, que le habían dado proyección nacional e internacional, lo llevaron a una confrontación directa con los poderes eclesiásticos, civiles y militares. En pleno estado de sitio, la Federación Universitaria Nacional decidió realizar un homenaje a Camilo, el 22 de mayo, en las instalaciones universitarias, donde lo esperaban miles de estudiantes y hasta el propio rector de la universidad. Ahí, Camilo pronunció un discurso memorable que recoge una de sus ideas más importantes, el llamado a la unidad de todas las fuerzas revolucionarias para combatir a la oligarquía: “Tenemos que lograr la unión revolucionaria por encima de las ideologías que nos separan. Los colombianos hemos sido muy dados a las discusiones filosóficas y a las divergencias especulativas. Nos perdemos en discusiones que, aunque desde el punto de vista teórico sean muy valiosas, en las condiciones actuales del país resultan completamente bizantinas. Como recordarán algunos amigos aquí presentes, con quienes trabajamos en la acción comunal universitaria de Tunjuelito, cuando se nos tachaba de colaborar con comunistas, yo les contestaba a nuestros acusadores que era absurdo pensar que comunistas y cristianos no pudieran trabajar juntos por el bien de la humanidad, y que nosotros nos ponemos a discutir sobre si el alma es mortal o inmortal y dejamos sin resolver un punto en que sí estamos todos de acuerdo, y es que la miseria si es mortal…
“[Asimismo], la integración con las masas es un elemento esencial a la revolución. La unión no es patrimonio nuestro, sino de los obreros y campesinos de Colombia. Ellos serán los que nos traigan la pauta, los que nos exijan, los que nos impongan la unión por encima de grupos y personalismos caudillistas.”
Estas ideas y retos continúan vigentes, al igual que el compromiso con el pueblo hasta las últimas consecuencias. Camilo Torres sigue siendo un referente para todos aquellos que, creyentes o no, se hermanan en la lucha por la justicia y “el bien de la humanidad”.

jueves, 25 de febrero de 2016

UN BOSQUE EN CADA CIUDAD

Erling Pulido / Foto: Raúl Freytez
A las ciudades se las come el asfalto y el concreto, debemos actuar para revertir el desierto en que estamos convirtiendo cada ciudad, porque ya no nos importan los árboles. Los patios de nuestras casas ahora son de cemento, porque pensamos que la tierra es sucia, pero nos quejamos del calor, el sol que nos quema la piel, la poca lluvia...
Naranjas, guayabas, mangos y guanábanas endulzaban el paladar de chicos y grandes.
Naranjas, guayabas, mangos y guanábanas endulzaban el paladar de chicos y grandes.
Cuando era un jovencito, en casa de mi abuela y antes de mudarnos a Banco Obrero, detrás del Terminal Viejo de San Felipe, a la hora del almuerzo, mi abuela, "Nanana" (Ana de Monasterio) me decía: “móntese en el naranjo y baje cinco naranjas para hacer el jugo”.
En el lugar había tres naranjos, un guanábano, un guayabo y en el patio central un mango jardín. Además en las bodegas de Pedro Yánez, Julián Alejos y Pedro Cortés vendían cambures, aguacates, mangos, mamones, guayabas, guanábanas, plátanos, lechosas y cocos, entre muchos frutos de exquisito aroma y sabor, dependiendo de las cosechas en el año.
La Green Spot, Cola Dumbo y la Chicha A1 eran los refrescos de moda.
La Green Spot, Cola Dumbo y la Chicha A1 eran los refrescos de moda.
Olvidamos a los árboles
En la casa de José y María Luisa de Hernández vendían suero, queso, nata y requesón. Pero un día se apareció un vendedor ofreciendo “Coca Cola” por gaveras que costaban cinco bolívares; cada botellita a locha (0,125 céntimos) y la gavera de madera vacía por un realito que se compraba una sola vez. Para la segunda compra solo se pagaba Bs. 4,50.
Bueno, la realidad es que era más fácil ir a la nevera y destapar un refresco, por lo que olvidamos los árboles que por abandono, tristeza y vejez fueron muriendo, poco a poco. Era como estar “fuera de moda” eso de comprar cambures y comer frutas, por lo que llegábamos a la bodega pidiendo “una Green spot, por favor, que tengo mucho calor”.
La linda ciudad de San Felipe se está quedando desolada de naturaleza, porque ya no nos importan los árboles. (Foto: Raúl Freytez)
La linda ciudad de San Felipe se está quedando desolada de naturaleza, porque ya no nos importan los árboles. (Foto: Raúl Freytez)
Bosque urbano
Recientemente cuando vimos la hermosa fotografía aérea de la ciudad de San Felipe, que tomó el poeta y amigo de todos licenciado Raúl Freytez, Cronista de San Felipe, nos percatamos que nuestra aún linda ciudad de San Felipe se está quedando desolada de naturaleza, porque ya no nos importan los árboles; los patios de nuestras casas ahora son de cemento, porque pensamos que la tierra es sucia, pero nos quejamos del calor, el sol que nos quema la piel, la poca lluvia, la sombra de las casas y edificios que no es fresca como la de los árboles y, de paso, un aguacate, por ejemplo cuesta más Bs 150 y hasta más, al igual que el cambur y otras frutas que son más caras, casi inalcanzables para el bolsillo de muchos venezolanos.
A las ciudades se las come el asfalto y el concreto, debemos actuar para revertir el desierto en que estamos convirtiendo cada ciudad, debemos repoblar con árboles autóctonos cada municipio haciendo un bosque de cada ciudad. Por todo esto está naciendo “A.C. Bosque Urbano” al que te pedimos te unas, estés donde estés, para combatir la desertización, la sequía, el calor, la poca o mucha humedad, las temperaturas extremas, y finalmente podamos salir a nuestros patios a tumbar al menos cinco naranjas.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Prohibido girar alrededor del Sol

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Galileo Galilei (1564-1642), por un pintor italiano desconocido. Crédito: Wellcome Images
Eppur si muove (y pese a todo, se mueve). Es una de las citas más famosas de la historia de la ciencia, aunque es dudoso que el astrónomo italiano Galileo Galilei (15 de febrero de 1564 – 8 de enero de 1642), a quien se le atribuye, llegara jamás a pronunciarla. Y menos ante la Inquisición que le obligó a retractarse de su teoría heliocéntrica. Pero la aparición de estas palabras camufladas en un retrato de Galileo pintado por la Escuela de Murillo tras la muerte del científico las ha incorporado al acervo popular, fundando la idea de que el eminente astrónomo nunca renunció a su convicción.
Galileo fue condenado por su teoría de que la Tierra giraba en torno al Sol, y no al contrario; una idea que el 24 de febrero de 1616 la Inquisición de la Iglesia Católica declaró“formalmente herética”, además de “ridícula y absurda en su filosofía”. El heliocentrismo se había convertido en materia de discusión teológica a raíz de la obra de Galileo Sidereus Nuncius (Mensajero sideral), publicada en 1610. En ella el astrónomo aportaba sus observaciones telescópicas para apoyar la hipótesis heliocéntrica; una idea que, sin embargo, llevaba circulando en los tratados celestes durante casi un siglo.
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Galileo frente a la Santa Inquisición. Autor: Cristiano Banti (1857)
El heliocentrismo fue un planteamiento acariciado desde la antigüedad, atribuyéndose su primera formulación en el mundo occidental al matemático griego Aristarco de Samos en el siglo III antes de Cristo. Sin embargo, fue el polaco Nicolás Copérnico quien en 1543 refutó el sistema geocéntrico de Ptolomeo en su libro De revolutionibus orbium coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes), publicado poco antes de su muerte y que originó otra expresión prestada de la ciencia a la lengua popular: el giro copernicano. Pero aunque la obra de Copérnico se considera fundacional de la ciencia astronómica, curiosamente en su día la teoría copernicana no levantó los recelos de la Iglesia Católica, que la contemplaba como una hipótesis matemática y no como un fenómeno físico real.
Fue Galileo quien transformó el heliocentrismo en una explicación de la naturaleza, al lograr una observación del firmamento inédita hasta entonces gracias a su invención en 1609 delprimer telescopio funcional. Entre otras razones, las cuatro lunas de Júpiter descubiertas por Galileo refutaban la idea de que todos los cuerpos celestes giraban alrededor de la Tierra como centro del universo, y las fases de Venus sugerían que este planeta orbitaba en torno al Sol. La defensa del heliocentrismo como una idea práctica comenzó a incomodar a la Iglesia Católica, que mantenía la interpretación literal de la Biblia según la cual la Tierra es inmóvil, mientras que el Sol sale y se pone.
Pero de hecho no fue la publicación de la obra de Galileo lo que comenzó a suscitar la reacción de la Iglesia, sino una carta que el astrónomo envió en 1613 a su antiguo alumnoBenedetto Castelli, y en la que sugería que la interpretación de la Biblia debía ser flexible y no contradecir las observaciones de la naturaleza. En febrero de 1615, una copia de la carta llegó a manos de la Congregación del Santo Oficio, que el 19 de febrero del año siguiente convocaba una comisión de teólogos para dictaminar sobre las afirmaciones de Galileo. Seis días después, la comisión publicaba su veredicto, ordenando a Galileo mediante un requerimiento que abandonara su “opinión de que el Sol se sitúa en el centro del mundo y la Tierra se mueve”, y que se abstuviera de “sostenerla, enseñarla o defenderla de cualquier manera, oralmente o por escrito”. De otro modo, proseguía el documento, el Santo Oficio emprendería “procedimientos contra él”. Según precisa el acta del dictamen, Galileo “accedió a este requerimiento y prometió obedecer”.
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Escenografía del sistema mundial copernicano. Autor: Andreas Cellarius (1661)
A raíz de aquel episodio la Iglesia prohibió las obras de Copérnico y Galileo. Sin embargo, en 1632 el italiano se ratificaba en sus ideas en su obra Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo, lo que le llevó a ser juzgado por la Inquisición. El 22 de junio de 1633 el astrónomo era condenado por herejía y sentenciado a prisión indefinida, lo que le llevó aabjurar de sus ideas por escrito y a dar pie a la leyenda de la frase que difícilmente llegó a pronunciar. Al día siguiente su pena fue conmutada por un arresto domiciliario. La prohibición de las obras de Copérnico y Galileo se mantuvo hasta 1835, y no fue hasta 1992 cuando el Papa Juan Pablo II reconoció “el error de los teólogos de la época”, precisando que “a la Biblia no le conciernen los detalles del mundo físico, cuya comprensión es competencia de la experiencia y el razonamiento humanos”.
Sin embargo, para el jesuita y astrónomo George Coyne, antiguo director del Observatorio Vaticano, la declaración de Juan Pablo II perpetúa “un mito” al referirse al caso de Galileo como una “trágica incomprensión mutua”. “Es un caso histórico genuino de un contraste real y continuado entre una estructura eclesiástica de autoridad intrínseca y la libertad para buscar la verdad en cualquier empeño humano”, valora Coyne para OpenMind. Según el astrónomo, no se ha reconocido explícitamente la “tragedia” que supuso poner fin a la carrera del que fue “un pionero de la ciencia moderna”.
Galileo murió en 1642, ciego a causa de un glaucoma y aún en arresto domiciliario. ¿Eppur si muove? Lo cierto es que nunca rompió su juramento. Poco antes de morir, escribió: “La falsedad del sistema copernicano no debería ponerse en duda de ninguna manera, y sobre todo no por nosotros católicos, que tenemos la innegable autoridad de las Sagradas Escrituras, interpretadas por los mejores teólogos”. Pero también añadió: “Si las observaciones y conjeturas de Copérnico son insuficientes, las de Ptolomeo, Aristóteles y sus seguidores son en mi opinión aún más falsas”.
Javier Yanes para Ventana al  Conocimiento