viernes, 26 de febrero de 2016

Atilio Boron
CAMILO TORRES: MEDIO SIGLO DE ATROCIDADES
(Por Atilio A. Boron) Las urgencias de la coyuntura y una serie interminable de compromisos políticos y académicos me impidieron subir a mi blog y publicar en FB estas pocas líneas rememorando en tiempo y forma el cincuentenario de la caída en combate del padre Camilo Torres Restrepo, acaecida el 15 de Febrero de 1966 en Patiocemento, San Vicente de Chucurí, Santander. No fue el primero ni sería el último clérigo que tomaría las armas en su afán por hacer realidad los ideales del cristianismo en Nuestra América. Sin ir más lejos Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos son los padres de la independencia de México, y hubo muchísimos sacerdotes que, antes o después, sustituyeron las homilías en el púlpito para empuñar las armas y enfrentar a un orden que se proclamaba cristiano y que era exactamente lo opuesto.
Apremiado por las circunstancias no tengo tiempo de abundar en los detalles de la vida de Camilo, y por ello agrego a continuación la estupenda nota que Gilberto López y Rivas publicara en La Jornada días atrás. Quería, eso sí, detenerme para subrayar lo siguiente: la muerte de Camilo fue un crimen que sigue consumándose, día a día, minuto a minuto. Un crimen impune, porque sus victimarios se apropiaron de su cadáver que permanece desaparecido hasta el día de hoy. La desaparición de personas, como crimen de lesa humanidad, es imprescriptible y subsiste como crimen hasta que se produzca la aparición, viva o muerta, de la víctima. Por eso decimos que es un crimen continuo, una atrocidad ininterrumpida a lo largo de cincuenta años. Camilo no descansará en paz hasta que sus restos sean devueltos a sus familiares, a sus amigos, a sus camaradas, a quienes levantaron la bandera de la liberación nacional en Colombia y respondieron positivamente a su ferviente y constante llamado a la unidad de todas las fuerzas que luchan por construir un mundo mejor.
Camilo fue un sacerdote ejemplar y, a la vez, un brillante sociólogo. Comprendió como pocos que la clave de bóveda de todo el edificio de la dominación oligárquica en Colombia se encontraba, y todavía hoy se encuentra, en el agro. Por eso su insistencia en la impostergable necesidad de la Reforma Agraria, primer punto de su “Plataforma para un Movimiento de Unidad Popular”. Y sabía también que sólo la unidad del campo popular haría posible la fundación de una nueva sociabilidad no sólo en Colombia sino en toda América Latina. Fue uno de los fundadores de la Teología de la Liberación. Se declaró “revolucionario” como colombiano, porque no puede estar ajeno a las luchas de su pueblo; como sociólogo, porque gracias al conocimiento científico que tiene de la realidad ha llegado al convencimiento de que las soluciones técnicas y eficaces no se logran sin una revolución; como cristiano, porque la esencia del cristianismo es el amor al prójimo y solamente por la revolución puede lograrse el bien de la mayoría; y como sacerdote, porque la entrega al prójimo que exige la revolución es un requisito de unidad fraterna indispensable para lograr el cabal cumplimiento de su misión.
A cincuenta años de su muerte Camilo es como las estrellas, cuya luz llega a la Tierra pese a que se extinguieron hace millones de años. Camilo fue asesinado y su cuerpo robado, pero su luz sigue presente, hoy más que nunca, iluminando las luchas emancipatorias de Nuestra América.
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LA JORNADA, 19 de Febrero de 2016
Gilberto López y Rivas
Camilo Torres: a 50 años de su caída en combate
El sacerdote católico Camilo Torres Restrepo, incorporado en las filas del Ejército de Liberación Nacional (ELN), cae en combate el 15 de febrero de 1966, en una región conocida como Patio Cemento, del departamento de Santander, Colombia. Su muerte ocurre cuando libra su primera acción de armas, y, paradójicamente, tras rechazar lo que consideró un trato preferente del estado mayor de la guerrilla que había decidido que “Camilo era demasiado valioso para arriesgar su vida”.
La extraordinaria biografía de Walter J Broderick, Camilo Torres Restrepo, muestra la forja de un personaje que se hizo conocer no sólo en Colombia y América Latina, sino también en el ámbito mundial como la quintaesencia “del hombre comprometido con los oprimidos de la tierra y dispuesto a sacrificar hasta su propia vida por salvarlos… Además, fue evidente que no se trataba de un curita alocado o resentido; se supo que el cura guerrillero muerto había ocupado una cátedra universitaria y que, aun después de colgar los hábitos, nunca abandonó su fe religiosa. Al contrario, cuando cayó en combate murió convencido del deber de “hacer la revolución como único camino hacia una fraternidad cristiana de verdad…”
Nada hacia vislumbrar en su niñez y juventud que su vida tomaría estos derroteros, dados sus orígenes familiares de clase acomodada de la sociedad colombiana. En Camilo, señala Broderick, “el único presagio del revolucionario del mañana fue su deseo de vincularse a un trabajo de tipo social”. Sin embargo, es muy significativo que su vocación por el sacerdocio surgiera a partir de la influencia, en el inicio de su carrera universitaria, de dos jóvenes sacerdotes franceses enviados a Colombia, Nielly y Blanchet, miembros de la orden dominica, exponentes de un catolicismo renovado y formados por la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, en la que muchos sacerdotes habían colaborado con la Resistencia antifascista y padecido las cárceles alemanas. “El mismo Jean-Batiste Nielly –indica Broderick–, como joven teniente bretón, fue prisionero de los nazis y narraba los detalles de su dramático escape. Sus episodios cautivaron a Camilo, y cuando este sacerdote hablaba del apostolado no le importaba tanto la ‘salvación de las almas’, ni siquiera la misa dominical; ponía énfasis más bien en el compromiso (l’engagement) y el testimonio (le témoignage). Su cristianismo aparecía como una aventura, un reto”.
Ya en el seminario, Camilo se distinguió de sus condiscípulos por sus frecuentes incursiones a los barrios pobres de los alrededores, en lo que él llamaba su apostolado. Ordenado en 1954, partió para Bélgica con el propósito de estudiar sociología en la Universidad Católica de Lovaina, donde fundó, en 1955, el Equipo Colombiano de Investigación Socioeconómica (Ecise), que se proponía establecer contactos con institutos de investigación, elaborar proyectos y publicar un boletín, todo ello a partir de principios redactados principalmente por Camilo, en los que se exigía una formación científica y ética que reflejara “una pureza de intención”.
Importante para su proceso de concientización política fue su conocimiento de la experiencia de los curas obreros y de los argelinos en Francia que libraban su guerra por la independencia en la misma capital del país colonizador. “Los compatriotas de París colaboraban con acciones de sabotaje, y Camilo intuyó por primera vez algo de las emociones del combatiente. Aprendió también que hasta un intelectual burgués podía cumplir una efectiva función en la lucha revolucionaria de un pueblo explotado”.
En 1959 es nombrado capellán asistente de la Universidad Nacional de Colombia, y al año siguiente funda, junto con Orlando Fals Borda, la Facultad de Sociología impartiendo clases y relacionándose activamente con la vida política universitaria y nacional, presidiendo, en 1963, el primer Congreso Nacional de Sociología que se realiza en Bogotá, en el que presenta la ponencia La violencia y los cambios socio-culturales en las áreas rurales colombianas.
En 1965, las posiciones cada vez más radicales y las constantes actividades políticas del sacerdote Camilo Torres, que le habían dado proyección nacional e internacional, lo llevaron a una confrontación directa con los poderes eclesiásticos, civiles y militares. En pleno estado de sitio, la Federación Universitaria Nacional decidió realizar un homenaje a Camilo, el 22 de mayo, en las instalaciones universitarias, donde lo esperaban miles de estudiantes y hasta el propio rector de la universidad. Ahí, Camilo pronunció un discurso memorable que recoge una de sus ideas más importantes, el llamado a la unidad de todas las fuerzas revolucionarias para combatir a la oligarquía: “Tenemos que lograr la unión revolucionaria por encima de las ideologías que nos separan. Los colombianos hemos sido muy dados a las discusiones filosóficas y a las divergencias especulativas. Nos perdemos en discusiones que, aunque desde el punto de vista teórico sean muy valiosas, en las condiciones actuales del país resultan completamente bizantinas. Como recordarán algunos amigos aquí presentes, con quienes trabajamos en la acción comunal universitaria de Tunjuelito, cuando se nos tachaba de colaborar con comunistas, yo les contestaba a nuestros acusadores que era absurdo pensar que comunistas y cristianos no pudieran trabajar juntos por el bien de la humanidad, y que nosotros nos ponemos a discutir sobre si el alma es mortal o inmortal y dejamos sin resolver un punto en que sí estamos todos de acuerdo, y es que la miseria si es mortal…
“[Asimismo], la integración con las masas es un elemento esencial a la revolución. La unión no es patrimonio nuestro, sino de los obreros y campesinos de Colombia. Ellos serán los que nos traigan la pauta, los que nos exijan, los que nos impongan la unión por encima de grupos y personalismos caudillistas.”
Estas ideas y retos continúan vigentes, al igual que el compromiso con el pueblo hasta las últimas consecuencias. Camilo Torres sigue siendo un referente para todos aquellos que, creyentes o no, se hermanan en la lucha por la justicia y “el bien de la humanidad”.

jueves, 25 de febrero de 2016

UN BOSQUE EN CADA CIUDAD

Erling Pulido / Foto: Raúl Freytez
A las ciudades se las come el asfalto y el concreto, debemos actuar para revertir el desierto en que estamos convirtiendo cada ciudad, porque ya no nos importan los árboles. Los patios de nuestras casas ahora son de cemento, porque pensamos que la tierra es sucia, pero nos quejamos del calor, el sol que nos quema la piel, la poca lluvia...
Naranjas, guayabas, mangos y guanábanas endulzaban el paladar de chicos y grandes.
Naranjas, guayabas, mangos y guanábanas endulzaban el paladar de chicos y grandes.
Cuando era un jovencito, en casa de mi abuela y antes de mudarnos a Banco Obrero, detrás del Terminal Viejo de San Felipe, a la hora del almuerzo, mi abuela, "Nanana" (Ana de Monasterio) me decía: “móntese en el naranjo y baje cinco naranjas para hacer el jugo”.
En el lugar había tres naranjos, un guanábano, un guayabo y en el patio central un mango jardín. Además en las bodegas de Pedro Yánez, Julián Alejos y Pedro Cortés vendían cambures, aguacates, mangos, mamones, guayabas, guanábanas, plátanos, lechosas y cocos, entre muchos frutos de exquisito aroma y sabor, dependiendo de las cosechas en el año.
La Green Spot, Cola Dumbo y la Chicha A1 eran los refrescos de moda.
La Green Spot, Cola Dumbo y la Chicha A1 eran los refrescos de moda.
Olvidamos a los árboles
En la casa de José y María Luisa de Hernández vendían suero, queso, nata y requesón. Pero un día se apareció un vendedor ofreciendo “Coca Cola” por gaveras que costaban cinco bolívares; cada botellita a locha (0,125 céntimos) y la gavera de madera vacía por un realito que se compraba una sola vez. Para la segunda compra solo se pagaba Bs. 4,50.
Bueno, la realidad es que era más fácil ir a la nevera y destapar un refresco, por lo que olvidamos los árboles que por abandono, tristeza y vejez fueron muriendo, poco a poco. Era como estar “fuera de moda” eso de comprar cambures y comer frutas, por lo que llegábamos a la bodega pidiendo “una Green spot, por favor, que tengo mucho calor”.
La linda ciudad de San Felipe se está quedando desolada de naturaleza, porque ya no nos importan los árboles. (Foto: Raúl Freytez)
La linda ciudad de San Felipe se está quedando desolada de naturaleza, porque ya no nos importan los árboles. (Foto: Raúl Freytez)
Bosque urbano
Recientemente cuando vimos la hermosa fotografía aérea de la ciudad de San Felipe, que tomó el poeta y amigo de todos licenciado Raúl Freytez, Cronista de San Felipe, nos percatamos que nuestra aún linda ciudad de San Felipe se está quedando desolada de naturaleza, porque ya no nos importan los árboles; los patios de nuestras casas ahora son de cemento, porque pensamos que la tierra es sucia, pero nos quejamos del calor, el sol que nos quema la piel, la poca lluvia, la sombra de las casas y edificios que no es fresca como la de los árboles y, de paso, un aguacate, por ejemplo cuesta más Bs 150 y hasta más, al igual que el cambur y otras frutas que son más caras, casi inalcanzables para el bolsillo de muchos venezolanos.
A las ciudades se las come el asfalto y el concreto, debemos actuar para revertir el desierto en que estamos convirtiendo cada ciudad, debemos repoblar con árboles autóctonos cada municipio haciendo un bosque de cada ciudad. Por todo esto está naciendo “A.C. Bosque Urbano” al que te pedimos te unas, estés donde estés, para combatir la desertización, la sequía, el calor, la poca o mucha humedad, las temperaturas extremas, y finalmente podamos salir a nuestros patios a tumbar al menos cinco naranjas.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Prohibido girar alrededor del Sol

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Galileo Galilei (1564-1642), por un pintor italiano desconocido. Crédito: Wellcome Images
Eppur si muove (y pese a todo, se mueve). Es una de las citas más famosas de la historia de la ciencia, aunque es dudoso que el astrónomo italiano Galileo Galilei (15 de febrero de 1564 – 8 de enero de 1642), a quien se le atribuye, llegara jamás a pronunciarla. Y menos ante la Inquisición que le obligó a retractarse de su teoría heliocéntrica. Pero la aparición de estas palabras camufladas en un retrato de Galileo pintado por la Escuela de Murillo tras la muerte del científico las ha incorporado al acervo popular, fundando la idea de que el eminente astrónomo nunca renunció a su convicción.
Galileo fue condenado por su teoría de que la Tierra giraba en torno al Sol, y no al contrario; una idea que el 24 de febrero de 1616 la Inquisición de la Iglesia Católica declaró“formalmente herética”, además de “ridícula y absurda en su filosofía”. El heliocentrismo se había convertido en materia de discusión teológica a raíz de la obra de Galileo Sidereus Nuncius (Mensajero sideral), publicada en 1610. En ella el astrónomo aportaba sus observaciones telescópicas para apoyar la hipótesis heliocéntrica; una idea que, sin embargo, llevaba circulando en los tratados celestes durante casi un siglo.
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Galileo frente a la Santa Inquisición. Autor: Cristiano Banti (1857)
El heliocentrismo fue un planteamiento acariciado desde la antigüedad, atribuyéndose su primera formulación en el mundo occidental al matemático griego Aristarco de Samos en el siglo III antes de Cristo. Sin embargo, fue el polaco Nicolás Copérnico quien en 1543 refutó el sistema geocéntrico de Ptolomeo en su libro De revolutionibus orbium coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes), publicado poco antes de su muerte y que originó otra expresión prestada de la ciencia a la lengua popular: el giro copernicano. Pero aunque la obra de Copérnico se considera fundacional de la ciencia astronómica, curiosamente en su día la teoría copernicana no levantó los recelos de la Iglesia Católica, que la contemplaba como una hipótesis matemática y no como un fenómeno físico real.
Fue Galileo quien transformó el heliocentrismo en una explicación de la naturaleza, al lograr una observación del firmamento inédita hasta entonces gracias a su invención en 1609 delprimer telescopio funcional. Entre otras razones, las cuatro lunas de Júpiter descubiertas por Galileo refutaban la idea de que todos los cuerpos celestes giraban alrededor de la Tierra como centro del universo, y las fases de Venus sugerían que este planeta orbitaba en torno al Sol. La defensa del heliocentrismo como una idea práctica comenzó a incomodar a la Iglesia Católica, que mantenía la interpretación literal de la Biblia según la cual la Tierra es inmóvil, mientras que el Sol sale y se pone.
Pero de hecho no fue la publicación de la obra de Galileo lo que comenzó a suscitar la reacción de la Iglesia, sino una carta que el astrónomo envió en 1613 a su antiguo alumnoBenedetto Castelli, y en la que sugería que la interpretación de la Biblia debía ser flexible y no contradecir las observaciones de la naturaleza. En febrero de 1615, una copia de la carta llegó a manos de la Congregación del Santo Oficio, que el 19 de febrero del año siguiente convocaba una comisión de teólogos para dictaminar sobre las afirmaciones de Galileo. Seis días después, la comisión publicaba su veredicto, ordenando a Galileo mediante un requerimiento que abandonara su “opinión de que el Sol se sitúa en el centro del mundo y la Tierra se mueve”, y que se abstuviera de “sostenerla, enseñarla o defenderla de cualquier manera, oralmente o por escrito”. De otro modo, proseguía el documento, el Santo Oficio emprendería “procedimientos contra él”. Según precisa el acta del dictamen, Galileo “accedió a este requerimiento y prometió obedecer”.
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Escenografía del sistema mundial copernicano. Autor: Andreas Cellarius (1661)
A raíz de aquel episodio la Iglesia prohibió las obras de Copérnico y Galileo. Sin embargo, en 1632 el italiano se ratificaba en sus ideas en su obra Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo, lo que le llevó a ser juzgado por la Inquisición. El 22 de junio de 1633 el astrónomo era condenado por herejía y sentenciado a prisión indefinida, lo que le llevó aabjurar de sus ideas por escrito y a dar pie a la leyenda de la frase que difícilmente llegó a pronunciar. Al día siguiente su pena fue conmutada por un arresto domiciliario. La prohibición de las obras de Copérnico y Galileo se mantuvo hasta 1835, y no fue hasta 1992 cuando el Papa Juan Pablo II reconoció “el error de los teólogos de la época”, precisando que “a la Biblia no le conciernen los detalles del mundo físico, cuya comprensión es competencia de la experiencia y el razonamiento humanos”.
Sin embargo, para el jesuita y astrónomo George Coyne, antiguo director del Observatorio Vaticano, la declaración de Juan Pablo II perpetúa “un mito” al referirse al caso de Galileo como una “trágica incomprensión mutua”. “Es un caso histórico genuino de un contraste real y continuado entre una estructura eclesiástica de autoridad intrínseca y la libertad para buscar la verdad en cualquier empeño humano”, valora Coyne para OpenMind. Según el astrónomo, no se ha reconocido explícitamente la “tragedia” que supuso poner fin a la carrera del que fue “un pionero de la ciencia moderna”.
Galileo murió en 1642, ciego a causa de un glaucoma y aún en arresto domiciliario. ¿Eppur si muove? Lo cierto es que nunca rompió su juramento. Poco antes de morir, escribió: “La falsedad del sistema copernicano no debería ponerse en duda de ninguna manera, y sobre todo no por nosotros católicos, que tenemos la innegable autoridad de las Sagradas Escrituras, interpretadas por los mejores teólogos”. Pero también añadió: “Si las observaciones y conjeturas de Copérnico son insuficientes, las de Ptolomeo, Aristóteles y sus seguidores son en mi opinión aún más falsas”.
Javier Yanes para Ventana al  Conocimiento
La Orquídea FLOR DE MAYO (Flor Nacional de Venezuela)
ERLING S. PULIDO P.
El 23 de mayo de 1951, por resolución conjunta de los Ministerios de Educación y de Agricultura y Cría se eligió la orquídea “Flor de Mayo” como la “Flor Nacional de Venezuela”, “por sus notables cualidades y por su diversidad de formas, tamaños y lindos colores que le imprimen excepcional belleza, a lo cual se le agrega que es una flor genuinamente nacional”, según dice esta declaración oficial.
La “Flor de Mayo” (Cattleya mossiae Hook) pertenece a la clase de las monocotiledóneas y a la familia botánica de las orquídeas, las cuales constituyen uno de los grupos botánicos más numerosos de las fanerógamas entre las que existen unas 25.000 especies aproximadamente. En estas plantas que dan flores de colores muy variados y de llamativos contrastes entre los pétalos, los sépalos y el labelo, son frecuentes las combinaciones de blanco-violeta, amarillo y rojo, rosado y amarillo, etc.
Sus flores llegan a medir en algunas especies hasta 25 centímetros, por su exótica belleza han estimulado el interés de coleccionistas, orquideólogos, horticultores, floricultores y diferentes artistas que han visto en ellas su gran valor comercial y han contribuido a su disminución, hasta casi su extinción en algunas regiones.
La mayoría de las orquídeas, entre ellas la “Flor de Mayo” frecuentemente se les denomina como “parásitas”, terminología carente de veracidad porque las orquídeas son epíferas, terrestres o saprofíticas, pero nunca parasitas. Este error proviene porque la mayoría de ellas viven sobre troncos o ramas de los árboles y las personas las asocian con el parasitismo.
Los símbolos de nuestra patria Venezuela son La Bandera, el Escudo de Armas y el Himno Nacional, pero también lo constituyen el pájaro “Turpial” de fino canto, belleza y altivez, el árbol “Araguaney”, con sus doradas flores que imitan al sol y al oro de nuestro suelo y La Orquídea “Flor de Mayo”, la más bella y exótica de las flores tropicales.

miércoles, 27 de enero de 2016

(El 27 de enero de 1945 fue liberado el campo de concentración de Auschwitz, matadero de un sinfín de hombres y de ninguna vaca: allí, alrededor de dos millones de judíos fueron comidos por los crematorios, las pulgas, las chinches, el tifus, la escarlatina, el sarampión, la difteria y la diarrea. A los más afortunados, aquellos que pudieron escaparse del infierno, el diablo los persiguió con su diente más afilado: el recuerdo. Aquí, cuatro historias mínimas de sobrevivientes.)
Herman Hollenreiner ingresó a Auschwitz a los nueve años. A los once, lo liberaron. Solo y en un tren arribó a París. Una familia lo recogió en la calle. En la nueva vivienda, Herman Hollenreiner no paró un minuto de temblar y pidió a los gritos que lo dejaran dormir en el suelo. Semanas después, lo internaron en un hospital psiquiátrico. En aquel reformatorio recibió varias descargas eléctricas porque, entre otras cosas, no quería agarrar el cuchillo y el tenedor a la hora de comer.
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Cuando estaba en sexto grado, a Axel Kor lo arrinconaron en uno de los baños del colegio y lo azotaron con una toalla. “Eres un judío sucio”, le gritaron sus compañeritos mientras le pegaban. Más adelante encontró dibujadas unas esvásticas en las paredes de su hogar. Y luego, le diagnosticaron un cáncer de testículo. Su madre, que había sufrido las brutalidades de Auschwitz, lo invitó a luchar: “Tu padre es un sobreviviente, yo soy una sobreviviente, tú serás un sobreviviente". Axel Kor tiene ahora cincuenta y cuatro años, y de su cáncer no hay noticias.
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Tadeusz Smreczynski permaneció seis semanas en Auschwitz. Allí juró que estudiaría medicina si las cámaras de gas no lo mataban antes. Y no lo mataron. Y se convirtió en doctor. Y quisieron afiliarlo al partido comunista. Y se negó. Y lo obligaron. Y luego de seis años pudo abandonar el ejército. Y montó un consultorio. Y su consultorio quedaba a diez cuadras del campo de concentración en el que había estado. Y compró una casa. Y su casa residía en una calle que se llamaba “Víctimas de Auschwitz”. Y así, día tras día, el letrero de la esquina invitó al médico a salvarse, todas las mañanas, su propia vida.
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Halina Birenbaum se comprometió tres años después de salir de Auschwitz. Tuvo un hijo: Yakov Gilad. Él todavía iba al jardín cuando le preguntó a su mamá “por qué se había dibujado la mano”. Halina respondió que el dibujito que llevaba en su brazo izquierdo era, en realidad, el número que le habían tatuado los alemanes para identificarla. Sin pelos en la lengua, ella le confesó los espantos con lujos de detalle. Yakov Gilad no necesitó juntarse con sus amiguitos a ver películas de terror. Él, sin verlas, las vivió todas. Y sufrió mucho. Cuando por fin dejó de perseguirlo el llanto, su libreta clínica estaba repleta de dibujitos. Los dibujitos eran, en realidad, muchísimos sellos: sellos que decían que Yakov Gilad había hecho, lágrima a lágrima, cuarenta años de terapia.
ESCRITO POR SANTIAGO CAPRIATA

domingo, 24 de enero de 2016

El 11 de mayo de 1904, en Figueras, nació Salvador Dalí. Ese día, cuando salió del útero de su madre, asomó con dos cabezas. Una cargada de vida, y otra manchada de muerte: sus padres todavía lloraban el fallecimiento de su hermano, también llamado Salvador, a quien una gastroenteritis lo fulminó cuando recién aprendía a caminar.
El nuevo Dalí, el sobreviviente, quien vio la luz nueve meses después de aquella tragedia, se vistió con las ropas del Salvador muerto y se divirtió con sus juguetes. A los cinco años, sus padres lo llevaron a visitar la tumba del difunto y le dijeron que era su reencarnación. Él, asustado, se lo creyó.
Y se lo creyó tanto que comenzó a elaborar estrategias para crear su propia imagen: se negó a dormir y a comer, orinó su cama a propósito, desparramó heces por todos los rincones de la casa y hasta se confesó ante su familia: “Yo de grande quiero ser cocinero. Y también quiero ser Napoleón”.
En la escuela, sus compañeros le regalaban cajas con saltamontes para festejar a carcajadas sus ataques de pánico, y los profesores contaban que él salía a los recreos con un único fin: estrellarse la cabeza contra las columnas de mármol. Luego, Dalí explicaba: “Es que nadie me miraba”.
Tiempo después, en la residencia de estudiantes de Madrid, conoció a Federico García Lorca y a Luis Buñuel. Ellos lo ayudaron a cruzar la calle solo, que no podía; a realizar los trámites, que no sabía; y a ir al cine, que le temía. Pronto los tres se hicieron muy amigos. Incluso Lorca, con el transcurrir de los momentos compartidos, terminó apreciando de Dalí no sólo las pinturas de sus óleos, sino también las pinturas de su cuerpo. El amor no fue correspondido.
En 1927, a sus 22 años, Dalí tuvo su primera cita romántica. Para aquel encuentro decidió perfumarse con una mezcla de aromas que incluía aceite, su propia sangre y hasta estiércol de cabra. Debió haberle funcionando esa ensalada de fragancias porque Gala, la mujer en cuestión, se enamoró de él y se siguió enamorando hasta el final de sus días.
Dos primaveras más tarde, cuando ya había alcanzado cierta notoriedad, su padre lo expulsó de su casa. “En ocasiones escupo sobre el retrato de mi madre para entretenerme”, había escrito el pintor. Su madre había muerto años atrás. Dalí finalizó la discusión entregándole a su progenitor un preservativo usado. “Tomá, ya no te debo nada”, le dijo, y se marchó.
La persistencia de la memoria, una de sus pinturas más consagradas
Al marcharse, siguió construyendo hábitos inusuales: comenzó a ponerse miel en los bigotes para que las moscas descansaran sobre ellos, les prohibió a sus amigos llamarlo antes de las doce del mediodía a causa de los escandalosos insomnios que padecía durante las noches, y empezó a dormir con una cuchara en la mano para despertarse cuando ésta cayera al suelo. Así, decía, nunca olvidaba lo que soñaba. A su vez, adquirió un ocelote y un oso hormiguero como mascotas. Cual perros domésticos, correa en mano, los animales lo acompañaban por las ciudades donde Dalí estuviese.
Por sus increíbles bocetos y por sus disparatadas rutinas cotidianas, cuentan que durante su estadía en Estados Unidos logró un nivel de fama tan rutilante que entre 1940 y 1970 no hubo una sola fecha en la que el nombre Dalí no apareciera en algún medio de comunicación de aquel país. Fue tal el barullo de su presencia y el estrépito de su obra, que revolucionó para siempre la industria de la pintura.
Curiosamente esa palabra, “revolución”, de chico no podía escribirla. Siempre que Dalí trataba de hacerlo, las faltas de ortografía le ardían la vista a cualquier ojo. Una vez, cansado ante la equivocación constante y vergonzosa, su padre exclamó al aire:
“Este niño, pase lo que pase, tiene que morir cubierto de piojos”.
El 23 de enero de 1989, día en el que falleció, a Dalí lo embadurnaron de cera para que sus seguidores pudieran verlo por última vez.
Su cuerpo no se fue cubierto de piojos. Se fue, de pies a cabeza, cubierto de brillo.
Escrito por Santiago Capriata

martes, 12 de enero de 2016

Antonio de Ulloa: ¿descubridor del platino?

Lo conocemos como el más caro de los metales preciosos, tal vez debido a que las tarjetas de crédito de platino y los discos de platino superan en prestigio a sus equivalentes de oro. Lo cierto es que el precio de mercado del platino no necesariamente es siempre mayor que el del oro, al que de hecho supera en abundancia en la corteza terrestre. Pero su uso en joyería lo ha convertido en material de lujo, y ello a pesar de que el significado de su nombre original es humilde: platina, o “pequeña plata”.
Quien así lo nombró fue el militar y explorador español Antonio de Ulloa, a quien algunas fuentes acreditan como descubridor del platino, ya que lo dio a conocer en Europa; por el contrario, otros atribuyen este mérito a los científicos británicos que lo trajeron al viejo continente y estudiaron sus propiedades. El tercer centenario del nacimiento de Ulloa es una ocasión propicia para recordar su figura y revisitar la controversia que envuelve la autoría del hallazgo del más exclusivo de los metales preciosos.
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Retrato de Antonio de Ulloa. Autor: Andrés Cortés y Aguilar
Antonio de Ulloa y de la Torre-Giralt (12 de enero de 1716 – 5 de julio de 1795) fue el segundo hijo de una familia influyente y acomodada de Sevilla. Su carrera en la marina le llevó desde joven a cruzar el Atlántico: a los 19 años se unió, en compañía de Jorge Juan y Santacilia, a la Misión Geodésica Francesa destinada a medir un arco de meridiano en la América ecuatorial con el fin de determinar la forma de la Tierra. Fue entonces cuando Ulloa tuvo conocimiento de una impureza metálica en el oro americano, a la que denominóplatina. Según explica a OpenMind el químico e historiador Luis Fermín Capitán Vallvey, catedrático de la Universidad de Granada (España), “la platina se conoce en el Virreinato deNueva Granada como acompañante del oro en la región de Chocó [actual Colombia] desde 1690; razón por la cual recoge Ulloa la escueta noticia de su existencia al pasar por Popayán, en cuya Casa de la Moneda la platina es un problema recurrente”.
Ulloa emprendería el regreso a España en 1745. Tres años después publicó junto con Jorge Juan su Relación Histórica, en la que describía por primera vez la platina como una piedra de las minas de lavadero “de tanta resistencia, que no es fácil romperla, ni desmenuzarla con la fuerza del golpe sobre el yunque de acero”, y que “ni la calcinación la vence”. Algunas fuentes sugieren que Ulloa llevó a España alguna muestra del metal; sin embargo, según Leslie B. Hunt, coautor del libro A History of Platinum and its Allied Metals (Johnson Matthey, 1982), “no hay pruebas reales de esto”.
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Pepita de platino nativo, de la mina de Kondyor (Rusia). Crédito: Heinrich Pniok
Mientras tanto, el platino ya era objeto de estudio en Inglaterra. En 1741 el británicoCharles Wood encontró en Jamaica unas muestras del metal, traídas de contrabando desde Cartagena de Indias. Wood realizó ciertos experimentos y envió el material al médicoWilliam Brownrigg, quien continuó estudiando el nuevo metal en Gran Bretaña para después presentar sus resultados a William Watson, miembro de la Royal Society. Este, a su vez, introdujo la platina al estamento científico británico, como quedó reflejado en la revistaPhilosophical Transactions entre 1749 y 1750.
Cabe destacar que Watson se refería al metal por el nombre acuñado por Ulloa, “platina”, y que en su presentación a la Royal Society escribía: “Esta sustancia no se menciona en ningún autor que yo haya encontrado, excepto por nuestro valioso hermano Don Antonio d’Ulloa”. En una carta posterior, Brownrigg le agradecía a Watson que hubiera añadido esta mención. De hecho, Watson y Ulloa llegaron a conocerse: durante su viaje de regreso desde América, el español fue detenido en alta mar por la marina británica y encarcelado en Londres, donde posteriormente fue liberado con el reconocimiento de la Royal Society; no antes de que todos sus documentos fueran concienzudamente examinados.
El origen americano del platino otorgaría a España una posición inicial de privilegio en su comercio internacional. Pero a pesar de aquel monopolio y de la innegable relevancia de Ulloa en la historia del platino, otra cuestión es que el español merezca el crédito del descubrimiento. El metal ya era conocido por las culturas precolombinas, y en Europa existía una mención a esta tenaz impureza fechada en 1557, en los escritos del italianoGiulio Cesare ScaligeroPero sobre todo, para algunos expertos la paternidad de un elemento debe recaer en los científicos que lo aíslan y estudian. Un ejemplo es el wolframioo tungsteno, que se considera una aportación española gracias al trabajo de los hermanos Elhúyar, pese a que la existencia del elemento había sido sugerida, y su nombre acuñado, por otros autores.
En el caso del platino, Ulloa no investigó sus propiedades. Según Capitán Vallvey, el explorador “no tiene en ese momento conocimientos químicos ni medios”; su papel consistió en “dar a conocer en Europa la existencia de la platina”, pero no debe confundirse “la difusión de la existencia de un nuevo material con el descubrimiento de un nuevo metal”. El químico e historiador juzga que “el descubrimiento de la platina como un nuevo metal y posteriormente como un conjunto de metales (los seis elementos del grupo del platino) hay que reservarlo a Wood y Brownrigg”. No obstante, aclara que “esto no significa en modo alguno quitar importancia al papel de Ulloa, sino no atribuirle lo que no le corresponde”; para Capitán Vallvey, Ulloa perdurará en la memoria como “ejemplo de hombre ilustrado, aunque no fuera él quien descubrió el platino”.
Javier Yanes para Ventana al Conocimiento
@yanes68